El consuelo en los niños

Es normal que todas las personas sientan dolor físico y emocional en diferentes momentos de su vida.  Sin embargo, se requiere de entrenamiento para poder identificar lo que sentimos y cómo podemos aliviarlo. 

Es ahí cuando entra la labor del adulto en la vida del niño, proporcionando las herramientas necesarias que permitan consolar, alentar y acompañar al menor a entender lo que pasa, cuáles son las causas, si se pudo haber prevenido y cómo actuar en el futuro. 

La reacción inmediata que tiene un pequeño al sufrir es buscar la mirada del adulto (papás, maestros, cuidadores en general) tratando de identificar cuál es la reacción que adoptará ante lo sucedido y así aprender. Existen diferentes estilos de respuesta:  

  • De forma despreocupada o indiferente (“no lo veas para que no llore”) mandando el mensaje que las emociones se deben suprimir o reprimir porque carecen de importancia. 
  • De forma alarmista (exclamaciones y gestos exagerados / mostrándose más tristes o asustados que el niño) indicando al chico que la solución, tranquilidad o alivio no llegará y que sobreactuar ante lo que nos ocurre es la manera en que se afrontan los problemas = no resolver. 
  • De forma victimaria (qué o quién tuvo la culpa) gritando y castigando al objeto o persona que causó dolor a pesar de haber sido un accidente. No haciendo responsable al pequeño de lo ocurrido. 
  • Resolutiva y reflexiva (propiciando diálogo y análisis), permitiendo que identifique lo que siente, cuál fue la causa (accidente, descuido, intencional, etc.) y buscando la solución.  Se deben brindar frases como “te pegaste y te lastimaste, vamos a que te ponga pomada (caricia en la espalda)”, “mira qué mojado y resbaloso está el piso, vamos a tener más cuidado para que no haya caídas (abrazo)”, “¿estás bien? (ponerse al nivel del niño y mirarlo a los ojos)”, etc. 

Las niños que saben identificar, procesar y aliviar su dolor, son las mismas que eventualmente desarrollarán empatía, positivismo, serán realistas y felices.  Aprendamos a observar, distinguir e intervenir de forma efectiva con las emociones de los pequeños, así como a darle la importancia que se requiere a la salud emocional. 

Las emociones se controlan, no se reprimen. Los adultos tenemos la responsabilidad de hacerle saber a los niños que  pueden pedir ayuda siempre que necesiten apoyo, consejos o compañía.   

  • Propicia el diálogo, escucha lo que piensa y siente sin emitir juicios después puedes dar tu opinión objetiva sin críticas o burlas.  Si percibes que no puede identificar qué es lo que le está pasando, juntos (o con ayuda de especialista) aprendan a poner nombre a lo que le inquieta o duele y comprendan cuál es la causa y solución. 
  • Observa cómo reacciona tu hijo ante diferentes sucesos, cuál es su percepción y no castigues o regañes por lo expresa, mejor proporciona otros puntos de vista y pregunta qué opina al respecto. 
  • Demuéstrale que puede contar contigo (ustedes) incondicionalmente.  Ten comunicación efectiva y conoce en qué etapa de desarrollo se encuentra. 

Analú Martínez Barragán
Psicopedagoga