Gana el corazón de tu hijo

Cuántas veces nos sumergimos en la rutina del día a día y resulta que  pasamos el tiempo en familia de maner muy mecánica y no percibimos esos pequeños detalles que resultan ser muy significativos en la vida de nuestros hijos.

Como padres, debemos estar preparados para saber qué esperar de cada etapa en la vida de los niños, preadolescentes, adolescentes y jóvenes; es importante que nos informemos , no podemos quedarnos solo como espectadores y dejar pasar cada etapa por la que transitarán nuestros hijos.

Una de las áreas, en la que más debemos esforzarnos, es en ganar el corazón de nuestros hijos y esto no sucede de manera mágica, de un momento a otro, esto se va dando poco a poco. Hay una alegoría muy curiosa, el corazón es como la tierra, y debemos prepararlo para que logre dar un buen fruto. 

1.- Allanar la tierra: debemos preparar la tierra, escarbar un poco, quitar piedras, hierba seca, remover la tierra vieja. En los consejos para la siembra, mencionan, que este paso es fundamental, para una cosecha abundante, así que no hay prisa, hay que hacerlo bien, tomándose el tiempo necesario. Pasemos tiempo de calidad con nuestros hijos, mostremos interés en sus amistades, sus gustos musicales, pasatiempos, conozcamos de sus temores y sus sueños. Escuchemos y observemos.

2.- Regar la tierra: el agricultor sabe del cuidado continuo que debe tenerla semilla plantada, nuestro papel entonces, es asegurarnos de estar sembrando una buena semilla, que se puede traducir como el fomentar valores, respeto, congruencia, lealtad, compromiso; preparándolos para que en un futuro, sean hombres y mujeres que sumen a esta sociedad. 

3.- La cosecha: la culminación de una buena siembra es el fruto, y ver el resultado, lleva tiempo, no seamos impacientes; si estamos sembrando en buena tierra, una buena semilla,  debemos tener la certeza de que el fruto llegará a su tiempo. No apresuremos sus procesos, etapas, permitamos que experimenten éxitos y fracasos, porque es ahí, cuando la semilla es quebrada y entonces es tiempo de que el fruto pueda brotar.

Edith Monroy