Gracia y cortesía (María Montessori)

La educación y formación de los niños no se reduce a estudiar y ser puesto a prueba el aprendizaje.  El desarrollo del potencial humano recae directamente sobre los adultos responsables del niño para que este pueda, desde su llegada al mundo, aprender y conquistar su medio ambiente y hacer posible vivir dentro de él, de tal manera que sus necesidades humanas, físicas y espirituales, sean abastecidas y satisfechas.

El tener modales, buena voluntad, ser amables, caritativos, serviciales y amorosos va evolucionando en proporción a la etapa de desarrollo en la que se encuentre el niño (primero inconsciente y después conscientemente).  Los padres de familia deben tener presente en todo momento que ellos son el principal modelo para sus hijos y que por lo tanto, deben fomentar con el ejemplo las conductas y actitudes que esperan que su hijo tenga a lo largo de su vida. 

De acuerdo al ambiente familiar principalmente y después escolar en el que se críe un niño, serán las habilidades que crecerán –o no- en él:

  • Movimientos ágiles y voluntarios: Tener conciencia del espacio vital propio y ajeno. Movimientos finos, precisos y armoniosos según necesidad y deseo. Manejar y transportar material. 
  • Tono y volumen de voz.  Debe corresponder al humor, espacio, privacidad y personas con las que se interactúa.  
  • Lenguaje apropiado. Utilizar vocabulario correcto y respetuoso. 
  • Modales. Comer, actuar, saludar, despedirse, agradecer  y dirigirse con educación. 
  • Relaciones sociales saludables. Tener habilidades sociales correspondientes a la etapa de desarrollo y poder convivir sanamente con extraños y conocidos. 
  • Obediencia (conducta considerada). Saber actuar de acuerdo a las necesidades sin ser inoportuno, molesto o invasivo. Interés hacia los demás, respetar al otro. 
  • Orden y organización. Saber usar y aprovechar tiempo y espacio. 

El conducirse como niños y adultos con una filosofía de “haz lo que quieras que te hagan a ti” permite poder vivir en sociedad, apartarse de egoísmos y egocentrismos que eventualmente te conducen a la soledad y al rechazo.  Los menores deben ir aprendiendo que no siempre pueden ser “lo más importante” ni “el centro de atención” y que a veces corresponde a otros ser los protagonistas y además, debemos aceptarlo con alegría. 

Dale el mundo al niño pequeño” decía la Dra. María Montessori pues creía fielmente que con la estimulación adecuada, el menor desarrollaría todo lo necesario para ser una persona funcional, responsable, respetuosa del medio ambiente y entorno, eficiente, empática, solidaria y llena de virtudes. 

Analú Martínez Barragán
Psicopedagoga