En estos tiempos, ha ido en incremento la aparición de una serie de características que a los profesores, padres de familia y especialistas les ha tomado horas de análisis y de estudio.  Constantemente los papás se preguntan ¿es mi hijo (a) hiperactivo? ¿Tiene déficit de atención? La respuesta, muchas veces es NO. 

Para poder determinar si un niño (a) tiene algún trastorno, situación, condición o característica que le impida el autorregular sus movimientos y sostener su atención durante periodos acordes a su edad, es necesario acudir con especialistas y considerar un número de criterios establecidos con una prevalencia considerable.  

Desde recién  nacidos, los niños reciben una serie de informes y estímulos por parte de su entorno y del ambiente externo y ajeno que le permiten ir desarrollando habilidades, agudizar sus sentidos e incentivar de forma positiva para crear mayores redes neuronales.  Sin embargo, algunos de estos estímulos pueden ser excesivos y sobrecargar al menor llenándolo de estrés, ansiedad y agotamiento.  

Algunos de los factores que pueden provocar esto son: 

  • Uso desproporcionado e inadecuado de nuevas tecnologías. Pasar horas frente a tablets, smartphones, televisión y videojuegos ocasiona un bombardeo al cerebro de: luz, movimiento, atención sostenida, adrenalina, fantasía, etc. 
  • Tener un ritmo de vida acelerado.  Días saturados de actividades sin tener largos ratos de esparcimiento y juegos espontáneos y creativos (físicos y mentales). 
  • Recibir excesivas explicaciones por parte de los adultos sin permitir a los niños que sigan instrucciones y cumplan reglas. 

Consecuencias de la sobreestimulación en niños: 

  • Desarrollar costumbre a cierta dosis de estímulos. Con el tiempo la dosis de movimiento, colores, sonidos, imágenes por segundo, debe incrementarse al grado de no encontrar saciedad y por ello se observen niños  hiperactivos y desmotivados. Puede fomentarse una fantasía desbordada y esto provocar distracción  o confusión. 
  • No saber aburrirse.  Los menores que se encuentran con agenda llena y/o necesidad de estímulo  durante el transcurso del día, difícilmente saben disfrutar del tiempo libre.  En la infancia se aprende a vivir con estructura y libertad, de ahí nace la imaginación y creatividad
  • La atención y concentración se acortan.  Al necesitar estímulos rápidos, luminosos y sonoros, no saben trabajar, poner atención, trabajar en calma y disfrutar del silencio. Requieren ritmo acelerado y constante
  • Baja tolerancia. Requieren satisfacción inmediata a sus necesidades o deseos.  No saben regular su comportamiento, manejar el aburrimiento, reconocer emociones ni lidiar con reglas sociales y ser inconstantes en cumplimiento de compromisos. 

Actividades que aportan un desarrollo sano y acorde a la etapa de desarrollo: 

  • Cantar.
  • Bailar.
  • Juegos de mesa en familia.
  • Actividades al aire libre.
  • Rutina, reglas, horarios. 
  • Experimentar.  Darles a conocer realidades y experiencias distintas. 
  • Darles tiempo de ser niños.  No por el exceso de actividades o  por usar con destreza los electrónicos va a ser precisamente más hábil o inteligente. 

Recomendación: 
Banderas, Alicia. Niños sobreestimulados. 2017

https://educayaprende.com/sobreestimulacion-ninos/

Analú Martínez Barragán
Psicopedagoga