La dinámica de convivencia diaria con nuestros hijos, de pronto nos hace pasar por alto, o bien, no tomamos conciencia de las palabras que salen de nuestra boca, cuando nos dirigimos a ellos.

Sin lugar a dudas, hay muchas cosas valiosas que podemos aportar a la vida de nuestro hijos, pero debemos ser mucho más intencionales en nuestras acciones y palabras. Es bien sabido, que las palabras pueden destruir o construir la vida de una persona y que mejor que seamos nosotros, los padres de familia, quienes construyamos la vida de nuestros niños, adolescentes y jóvenes.

Una clave fundamental en este proceso, es que debemos estar en el entendido, que no somos perfectos y si nos equivocamos o hablamos cosas que pueden resultar hirientes o no expresan la intención correcta, se vale arrepentirse y por qué no, pedir perdón. Nuestros hijos,  podrán tomar esta acción como un ejemplo a seguir en su vida diaria. Además, les quedará mucho más claro el hecho de que somos adultos concientes de nuestros procesos y que también fallamos, pero que tenemos la capacidad de reconocer nuestros errores.

Cada vez que te diriges a tus hijos, considera lo siguiente:

1.- Elige bien tus palabras.
2.- Construye, no destruyas.
3.- Repara y retoma.
4.- Se intencional.
5.- Repite este ciclo cada vez que puedas.

Edith Monroy Mendoza
Lic. en Comunicación